Un pastor autodidacta moldeado por la montaña
Manel nunca fue a la escuela y no sabía ni leer ni escribir. Sin embargo, la montaña fue su mayor maestra. Desde niño recorrió las crestas de las Albères, cuidando los rebaños en lugares emblemáticos como el pico del Néoulous o el collado de l’Ouillat.
Con el paso de los años, desarrolló un conocimiento íntimo de su entorno. Observaba los ciclos de la naturaleza, el comportamiento de los animales y las estaciones que transformaban los paisajes. Esta inmersión constante forjó en él una sensibilidad rara, casi artística, hacia la montaña.

Manel Le Berger
